Abre los ojos nerviosa y observa el lugar jadeante. Hay dos pasillos, uno a la derecha y otro a la izquierda, ¿cual debe escoger?, ¿izquierda?, ¿derecha?. Gira la cabeza hacia la dirección por donde ha llegado, están cerca... oye sus pasos. No tiene tiempo... necesita esconderse cuanto antes. Opta por el camino de la derecha y corre desesperada. No entiende nada, ¿porque no la dejan en paz? Esta harta, harta de correr, de esconderse, de huir, de ser siempre el objeto de usar para cuando se necesita y el de tirar para cuando molesta.
Cuando llega al final del pasillo se arrodilla en el suelo, en algún momento el corazón se le saldrá del pecho, lo tiene claro. Ha corrido demasiado y sus rodillas no le permiten más así que decide sentarse.
- ¿A donde coño se ha ido esa estúpida hija de perra?-
- Se habrá escondido, como siempre. Puta cobarde-
- Ve por la izquierda. Yo iré por la derecha-
- Vale-
Oye una voz y se levanta de inmediato. Es una de ellas... y se dirige hacia ella. Rapidamente abre una de las puertas que se sitúa a su lado y entra. Maldita sea, está llegando, ¿que hace? ¿se esconde o da la cara? Cierra los ojos y niega con la cabeza, no, no puede, tiene que esconderse cuanto antes.
Decidida se esconde bajo una de las mesas situadas en esa aula y observa la puerta, no tardará mucho en llegar, ya casi siente su presencia en el aula. Tiembla, tiene miedo, mucho miedo, ¿cuantas veces habrá deseado que la dejaran en paz? Muchísimas, tantas que ha perdido la cuenta. De pronto ve como entra en la habitación, es ella, mejor dicho, es una de ellas, una de las muchas chicas que le amargan el día a día en el instituto. Desvía la mirada y observa el reloj que está colgado en la pared. Las 11:50, dentro de poco acabará ese recreo que para muchos es corto, pero que para ella es eterno. Vuelve a situar la mirada en la chica, sin embargo, ya no está, ¿a donde habrá ido? Tal vez haya decidido alejarse y buscar en otro sitio. Suspira aliviada, pero de pronto siente como alguien tira de su pelo y estira hacia atrás arrastrándola y sacándola de su escondite.
Asustada grita dolorida intentando agarrar su cabellera. Observa a la chica, que al parecer también la está observando a ella, su mirada es fría y llena de odio, sin embargo, sonríe divertida, una sonrisa sin piedad, sin pena, sin remordimiento. Alza su mano y la desliza hasta la mejilla de la chica golpeándola con mucha fuerza. Duele, duele mucho, tanto que comienza a sollozar.
-Eso, llora maldita zorra- dice la chica mientras escupe en la cara de la chica.
Se aparta el escupitajo de la cara y la observa, ¿porque le hace esto? ¿que ha echo ella para merecérselo? Cierra los ojos temblorosa mientras la otra chica continua golpeándola. No puede más, está harta de todo. Oye como la chica se ríe divertida, alegre, como si disfrutara de lo que está haciendo, sigue golpeándola, ¿es que no se cansa? La boca le sabe a sangre y le duele todo el cuerpo, aún así, agarra el brazo de la chica y comienza a levantarse.
-¡¿Que coño haces, maldita friki?!- Grita la chica algo sorprendida.
Odiosa y llena de rencor empuja a su contrincante tirándola al suelo. Está harta de que esas chicas la molesten y la acosen de esa manera, quiere disfrutar por una vez en su vida y ser feliz sin que personas como aquellas chicas la molesten. Llena de odio y de rabia se sitúa sobre la chica y comienza a golpearla de todas las maneras posibles, sin remordimiento, sin pena. Oye como la chica grita desesperada, le gusta, le gusta ver como sufre.
-¡¿Que pasa?! ¡¿Es que tu padre no te ha enseñado que no se pega?! Ah no, que no tienes- dice la chica soltando una carcajada.
Abre los ojos de par en par tras oír sus palabras y aún más enrabietada coge unas tijeras situadas encima de una de las mesas. Sus ojos están llenos de lagrimas, lágrimas de tristeza y de odio. Sin pensárselo dos veces alza las tijeras y con un rápido movimiento las desliza hasta el pecho de la chica. Cierra los ojos y lo único que oye es el fuerte alarido de una de las chicas que en su día la destrozó la vida.
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