¿Quién iba a decir que la vida pudiese cambiar de dirección tan rapidamente?
Esa es la pregunta que Amanda se repite constantemente. ¿Destino? Puede ser.
``Me llamo Amanda, tengo 17 años y soy una criminal. Vivo en una caja cuadrada dentro de otra más grande. No tengo amigos, ni pienso tenerlos, farsantes. ¿Cuanto tiempo llevo aquí? No lo sé, he perdido la cuenta, lo único que se es... que dentro de no mucho saldré de esta cárcel en la que tanto tiempo llevo prisionera.´´

jueves, 8 de mayo de 2014

Capitulo 3~

La ciudad está formada por inmensos rascacielos que a consecuencias de la espesa niebla parecen castillos futuristas abandonados deseando cobijar a algún forastero que necesite lugar en el que dormir. Suelta un suspiro dejando un rastro de vao en la cristalera del coche y en él dibuja un monigote. Vuelve la vista hacia el frente y entrecierra los ojos al notar como el coche comienza a frenar al llegar a un edificio más pequeño que todos los anteriores por los que había pasado. Aproximadamente tendrá unas 3 plantas y la fachada está algo descuidada en comparación con las demás viviendas.
Observa a Gretel y decide salir del coche para observar el entorno. La chica rubia le imita y se sitúa junto a ella alzando la vista hasta el final del edificio, sus ojos a la luz del día parecen más claros y su rubio resalta mucho más, sin embargo, con este temporal su iris es más oscuro y el cabello es más castaño.

-¿Y bien?- dice Amanda dirigiéndose a su compañera.

Sin hacer caso omiso a la pregunta de la chica pelinaranja, camina y entra por el portal dejando tras de si un aroma a hierbabuena y jabón. Amanda la sigue y entra junto a ella en el ascensor colocándose a su lado. Ascienden en silencio, sin dirigirse la mirada y sin comentar nada que pueda apagar ese silencio tan incómodo para ellas dos. El ascensor para y las puertas se abren mostrando un pasillo largo y estrecho, enfrente hay una puerta color caoba y a su lado unas escaleras que bajan hasta la segunda planta.
Gretel camina hasta la puerta de la vivienda y Amanda la sigue en silencio con la cabeza agachada y con una mirada pensativa. A decir verdad, le da vergüenza entrar en la casa de una desconocida con quien no ha empezado con buen pie, pero esa chica resulta muy repelente y frustrante para ella y entrar en su casa es algo que ni loca hubiese hecho, pero teniendo en cuenta su situación prefiere aguantar un tiempo conviviendo con ella.
Entran en la vivienda y la rubia cierra tras de si la puerta. Es un apartamento pequeño, al estilo rustico y la cocina y la sala están unidas entre si. A su lado hay un pasillo que conecta con dos habitaciones cerradas de par en par.

-Bien, aquí mando yo. Tú dormirás en el sofá y yo en mi habitación, obviamente. Nada de traer tíos a MI casa, nada de fiestas hasta las 5 de la madrugada, eso solo me lo permito yo. Ah, y a partir de ahora no quiero que me nombres como Gretel, llámame Cam, ahora y siempre. Cualquier gilipollez y te vas a la puta calle, ¿está claro?- dice la chica rubia fulminando a Amanda con la mirada.

-Encima de tener que aguantarte, ¿me prohíbes mi libertad?- dice enfadada.

-Sí. Si no te gusta te jodes. –repite su compañera de piso.

Amanda resopla indignada y se cruza de brazos poniendo los ojos en blanco. Esa chica le saca de sus casillas, ¿Cómo puede prohibirle su libertad? Ya ha tenido suficiente dentro de su caja.

-Ah, y yo que tú, para comenzar de nuevo, me pondría un apodo- dice mientras se aleja entrando a su habitación y desapareciendo a su interior.

Amanda se sienta en el sofá resoplando y pensando en los próximos días. ¿Un nuevo apodo? Sonríe y cierra los ojos. Nuevo apodo significa nueva identidad, esa idea le gusta, su nombre nunca le ha gustado, le resulta un tanto débil y triste. Se pasa las manos por su cabello agitándolo y se levanta del sofá dirigiéndose a la cocina.
Lo tiene claro, esta es su nueva vida y va a ser diferente, ahora ya no es la Amanda débil y llorica que era acosada por personas con el rostro borroso, ahora es Audrey, o mejor dicho Drey. Abre un cajón de la mesa, saca unas tijeras y las observa temblorosa. Se agarra un mechón de pelo y camina hasta un espejo situado en el baño. Observa su reflejo, acerca las tijeras cortando parte del mechón de pelo y lo deja caer al suelo llenándolo de finos cabellos pelinaranjas. Cierra los ojos al acercar las tijeras al otro lado y vuelve a cortar resoplando nerviosa.
Esa es ella, la chica del cabello por la cintura que ahora le llega por los pechos, la chica de ojos verdes vacíos que ahora vuelven a recobrar ese brillo perdido, la chica con mirada perdida que ahora comienza a renacer.
Drey suelta las tijeras y sonríe de lado vacilante.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Capitulo 2~

¿Salir de aquel lugar? Hace un tiempo ese sueño era casi imposible de poder hacerse realidad, sin embargo, allí está ella, recogiendo su ropa y las pocas pertenencias que aún posee. Hace muchos años,  cuando fue llevada a aquel lugar, decidió deshacerse de cualquier cosa que pudiera dar a la luz sus recuerdos pasados. Entrecerrando los ojos resopla cansada, lo único que echará de menos de aquel lugar es su cama, igual de blanca que el resto de la celda, solo ella es testigo de sus innumerables pesadillas y de sus sueños lejanos.
Coloca las manos en la cintura y observa la ropa que tiene tendida en el colchón, hace años que no se pone ese conjunto ya que dentro del psiquiátrico solo llevaba un vestido color blanco que en su opinión, a pesar del tiempo, siempre sería simple para ella. Desliza la prenda por su cuerpo y coge la camiseta tendida pasándola por su cabeza. En ella aparece la imagen de una chica sujetando un gato con el iris color violeta y a su alrededor aparecen muchos árboles que la rodean. Se coloca en pantalón vaquero pitillo y tira el vestido blanco al suelo.

-¿Estas lista?- pregunta Silvia desde la puerta, quien lleva esperando un buen tiempo.

Asiente cerrando la maleta y camina hacia el exterior decidida y ansiosa por salir de allí. Camina por el pasillo junto con Silvia y observa como sus compañeros se asoman por las puertas observándola con recelo, compañeros que ahora son simples pacientes que luchan y desean salir de allí como ella en su día.
Sigue por el pasillo pensativa, ¿dónde vivirá a partir de ahora? ¿Y con que dinero? No tiene los estudios completados, no tiene contacto con su familia desde que comenzó la terapia en aquel lugar y tampoco tiene dinero. ¿Entonces? ¿Qué será de ella?

-Silvia, ¿Cómo coño voy a vivir si no tengo nada?- dice algo malhumorada.

-La hija de una amiga mía se encargará de ti. Vivirás con ella hasta que termines los estudios y consigas una carrera o un trabajo- responde ella orgullosa de sí misma por haber planeado aquello.

Amanda suspira aliviada y frustrada a la vez, ¿que clase de chica será?

Finalmente llegan a la puerta, la puerta que dará fin a su cárcel y la que le permitirá su libertad. Se gira observando el pasillo que hace apenas unos segundos han recorrido y cierra los ojos. Lo tiene claro, nueva identidad, nueva vida y por supuesto, nuevo look de pelo. Vuelve a abrir los ojos y sale por la puerta dejando que el viento de la calle le revuelva su larga melena pelinaranja, esboza una sonrisa y se acerca a Silvia, quien ha comenzado a conversar con una chica de larga cabellera rubia y ojos verde esmeralda. Observa a la mujer rubia arqueando una ceja, le resulta familiar, lleva varios piercings en la boca y un tatuaje le sobresale de su clavícula.

-Amanda, esta es Gretel, sois de la misma edad y bueno, ella será tu compañera a partir de ahora- dice Silvia algo nerviosa.

-Hola. –saluda con un movimiento de cabeza.

Gretel hace el mismo gesto y entra en el coche cerrando la puerta tras de si y Amanda la imita bajando la ventanilla del coche y dirigiendo la mirada a su ex directora.

-Hasta otra, Silvia-

-Ya nos veremos Amanda-

Vuelve a subir la ventanilla y se sienta en el asiento en silencio, sin decir nada, observa a la chica de ojos verdes de reojo y suspira vacilante.

-Así que voy a tener que soportar a una cría como tu durante un tiempo, que puto coñazo- dice Gretel resoplando.

-Eh, a mi te me relajas, estúpida rubia con nombre de cuento de niños, yo no lo he elegido así- Responde frustrada y enojada la pelinaranja.

La chica rubia frena en uno de los semáforos y aprovechando el momento se vuelve hacia su compañera y la sujeta por el cuello.

-Escucha estúpida, aquí mando yo, si no te gusta te jodes y te piras, ¿me has entendido?-

-No, vuelve a repetírmelo, mami- responde Amanda burlona.

-Puta cría-se queja Gretel entredientes.

-Sueltame-

El semáforo cambia de color y antes de que la conductora suelte a su compañera esta aprovecha y le escupe en la cara. Gretel acelera mal humorada sin decir ni una palabra y conduce por la carretera.

¿Enserio debe convivir con esa mujer? No lo sabe, quizá aguante un tiempo hasta que consiga adaptarse ella misma.